En 2022, aproximadamente dos millones de niños y quinientos mil adultos fueron liberados de realizar trabajos forzosos en los campos de algodón.
El 26 de diciembre de 1991, bajo el gélido invierno de Asia Central, Uzbekistán declaró oficialmente su independencia de la Unión Soviética y dejó atrás el nombre de República Socialista Soviética de Uzbekistán después de 67 años de dominio del régimen ruso. Hoy, el país que comparte el grupo K con Portugal, República Democrática del Congo y Colombia, es uno de los extraños casos, junto con Liechtenstein, de territorios que están doblemente aislados del mar, es decir, que tienen que superar dos fronteras para llegar hasta él. Sin embargo, eso tiene una explicación: la explotación y el desvío de los ríos afluentes del Mar Aral, por parte de la URSS, con el objetivo del riego de cultivos de algodón, material que recogían bajo un estricto régimen de esclavitud infantil.

El algodón, riqueza para pocos, pobreza y esclavitud para muchos, marcó la vida de los uzbekos desde siempre. Tanto es así que el Estado, ya independizado y con un objetivo de ventas por cumplir, mantuvo vigente durante años el sistema de esclavitud de su población en los campos de plantación. Mientras que en septiembre los chicos portugueses se preparaban para ir a estudiar, las autoridades uzbekas cerraban escuelas primarias, secundarias y universidades para trasladar a los estudiantes, en su mayoría menores de edad, a trabajar. Sin importar su longevidad, rodeados de pesticidas y con jornadas de 14 horas de esfuerzos, todos cargaban entre 30 y 80 kilogramos diarios, y si no cumplían con su cuota, podían recibir sanciones en las distintas entidades educativas o una multa para toda su familia.
Zara, Uniqlo, H&M y otras 330 marcas se organizaron en un boicot en contra de los asiáticos al “enterarse” de las condiciones en las que extraían la materia prima. Indignadas, las empresas multimillonarias continuaron con la fabricación de prendas en Bangladesh, Vietnam o Tailandia, donde, por supuesto, todos sabemos que no existe la explotación infantil con fines laborales.
Entre septiembre y diciembre de 2008, en el tiempo que dura la cosecha, se registró la muerte de cinco niños debido a estándares de seguridad inadecuados, y el suicidio de una niña tras ser castigada por no alcanzar su meta diaria de recolección. Ocho años después, falleció el presidente en función Islam Karimov, y Shavkat Mirziyoyev, su reemplazante, comenzó a impulsar políticas con el fin de acabar con el régimen esclavista estatal. Con salarios dignos para los recolectores, la inversión de los privados incentivados por participar directamente en el negocio y la eliminación de las sanciones por no completar los objetivos, en 2022 aproximadamente dos millones de niños y quinientos mil adultos fueron liberados de realizar trabajos forzosos.
Fuente: TyC Sports
Matías Morales
